Norberto Fontana
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   Ocho años tenía la primera vez que se subió a un karting. Aquella vez fue debut y despedida porque su edad no era suficiente para empezar a desandar su camino por el automovilismo, una pasión que llevaba (y que lleva, por supuesto) bien adentro.

   Una pasión que en su ciudad, Arrecifes, fue la semilla para el nacimiento de grandes pilotos como José Froilán González, Ángel Lo Valvo, Cástulo y Edison Hortal, Carlos Pairetti, Carlos Marincovich, Néstor García Veiga y Rubén Luis Di Palma, entre otros.

   Veinticuatro años tenía la última vez que tuvo una posibilidad concreta de entrar al "mundo" de la Fórmula 1. Aquella vez la escudería Minardi fue el objetivo de Norberto para subirse de nuevo a su sueño de competir frente a la elite del automovilismo y demostrar cuán rápido era. Pero otra vez el “no” sonó fuerte en sus oídos y retumbó con más violencia en su corazón.

   Claro, a esa altura, y con un par de frustraciones similares sobre sus espaldas, el piloto oriundo de Arrecifes ya entendía perfectamente que la categoría más importante del mundo era un negocio y que sus socios y sus dueños la manejaban como tal.

   ¿Qué más se le podía pedir al “Gigante de Arrecifes” para consolidarse en la Fórmula 11? ¿Qué ganara carreras, que conquistara campeonatos, que inicie los contactos con los jefes de equipo, que consiga sponsors y que se ponga a discutir los contratos? Indudablemente que la tarea específica suya la venía llevando a cabo de manera inobjetable, pero no todos las profesiones que integran el espectáculo de la Fórmula 1 son tan dignas como la del deportista.

   Para un piloto de cualquier país, llegar a la Fórmula 1 quizás sea comparable al esfuerzo de subir una gran escalera. Es duro y cansador. Pero uno sabe que subiendo los escalones uno por uno y pisando firme, indefectiblemente en algún momento alcanza la meta. Para un piloto argentino esa escalera directamente no existe. Él mismo la tiene que ir construyendo.

   Para Norberto Edgardo Fontana haber llegado a competir en la Fórmula 1 fue una proeza por todos los obstáculos que debió sortear. Pero no fue la única. Para llegar a eso tuvo que lucharla desde muy abajo. Con mucha humildad y con los sueños siempre intactos. Como ayer, cuando llegó a Europa en 1993, con tan sólo 18 años. Como ahora, como siempre.

    EZEQUIEL GANEM
Periodista - redactor especial de la revista Campeones

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